La maternidad invisible o hablemos de duelo perinatal

Las parteras acompañamos, acompañamos la vida, pero también la muerte. Dos caras de una misma moneda, el nacimiento muchas veces opaca esa otra, en donde la vida terminó antes de nacer o al nacer.

Se dice que 1 de cada 4 mujeres vivimos una muerte gestacional. Incluso 1 de cada 3, si se piensa en todas aquellas que ni si quiera se percataron: se retrasó su menstruación (habiendo una fecundación) y antes de hacer cualquier prueba llegó su sangrado anunciando que no había embarazo. La muerte puede llegar en cualquier momento, nos dicen que es más común en las primeras 12 semanas de gestación y culturalmente se promueve no compartir la noticia, sin embargo, también puede suceder después.

Es un tema incómodo, preferimos no hablar de la muerte, menos de la de los bebés. Nos parece incompatible el significado del recién nacido: la esperanza-vida; con la no-vida que debe de pertenecer a los adultos. Nos han inculcado la expectativa y cumplimiento de nuestro ciclo: naces, creces, te reproduces y mueres. Lo que ha faltado es observar y reflexionar sobre el delicado velo divisorio entre la vida y la muerte. Si hay vida necesariamente puede haber muerte.

Con esto no quiero decir que no duela, claro que duele y personalmente es uno de los dolores más profundos que he experimentado, y he visto experimentar en otras mamás. A lo que quiero llegar es al acompañamiento y a la visibilización. Me gustaría que se dejaran de usar eufemismos para hablar de la muerte, me gustaría que dejaran de decir “perdiste a un hijo”, porque no se perdió en ningún lado, ha dejado de existir a tu lado y duele, no volverá, no lo encontrarás en esta vida, tendrás que seguir viviendo sin su presencia. En tanto como comunidad y familia nos demos cuenta que el dolor existe, que la muerte nos acompaña de forma latente/real desde el nacimiento, podremos sensibilizarnos ante la mujer y hombre dolientes, podremos establecer diálogos profundos, reflexiones de vida, un apoyo emocional sin palabras hirientes como (“ya pasará”, “si sólo tenías tantas semanas”, “tienes otros hijos”, “ya tendrás otro hijo”, “no estés triste”).

 

Cada unidad hospitalaria, cada Casa de Partería, todo personal de salud debemos prepararnos:

💮Permitamos el contacto y re-conocimiento de la madre con su hijo, por más pequeño que sea (dejen de llevarse a los bebés vivos o muertos del pecho de sus madres y padres). Parece raro o innecesario, pero es un de los recuerdos más preciados que la familia tendrá.

💮Respetemos los tiempos de la familia doliente, al igual que en cualquier otro nacimiento el tiempo se diluye, la noción se distorsiona.

💮Cuidemos el espacio, demos espacio, demos silencio, estemos perceptivos a cuándo un abrazo se necesita y cuándo no.

💮Alimentemos a la madre, ayudemos a organizar las actividades del hogar y preparar a otros miembros de la familia sobre el duelo.

💮Ayudemos a tomar recuerdos: fotos bellas, huellitas, un libro de recuerdos con sus ultrasonidos, libreta con nombre, peso y talla. Es lo único físico que esa familia podrá conservar.

💮Conozcamos e informemos que los sentimientos vividos durante el duelo no se experimentan de manera lineal, sino son vaiven. Lo que parecía cada vez dolía menos, al día siguiente puede seguir siendo intenso y profundo.  Validemos cada emoción.

💮Apoyemos la lactancia, recordemos que la madre producirá leche de igual manera y esos senos dolerán física y emocionalmente. Hay opciones, informemos a la madre: pastillas para secar la leche, lactar o re-lactar algún hijo mayor, donar su leche a otros bebés que la necesitan (algunos no tienen madre y se benefician de ese contacto).

💮Sobre todo, nombremos al bebé, démosle su lugar, ha existido por un tiempo y sus padres lo recordarán para siempre. Al nombrarlo les haremos saber que su dolor nos importa.

La muerte me ha enseñado, me ha tirado y me he levantado, he aprendido a dar prioridad a cosas que antes no la tenían y, principalmente, me ha mostrado la humildad ante el misterio.

Dedico estas palabras y mi corazón a mis maestros de vida: a mis hermanos fallecidos; a Finn Luam, a sus papás Savannah y Tim y a sus hermanos Dahlia y Ireland.

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