De norte a sur: mi viaje para convertirme en partera

En marzo de este año un mensaje inesperado llegó a mi teléfono: “Hola Ana, ¿cómo estás? Soy Akane. ¿Aún te interesa venir a Luna Maya Chiapas como aprendiz de partera? Se abre un espacio próximamente”.

Hacía un año había escrito a esta Casa de Partos y Escuela Independiente de Partería Profesional para solicitar ser aprendiz. En ese momento mi solicitud no pudo ser aceptada porque acababan de recibir a otra estudiante, la cual, en teoría, permanecería ahí de uno a dos años. Por lo tanto, no tuve otra opción más que esperar y, poco a poco, la premura de irme y formarme como partera se fue diluyendo durante mi maternidad. Entendí que todos los ciclos en la vida tienen un ritmo perfecto y en ese momento criar a mi segunda bebé era lo más importante para las dos.

Ahora esa puerta se ha abierto y mis hijas gozan de mayor edad; el sueño se ha vuelto tangible y podré mudarme y estudiar y practicar mi pasión, la partería. Una profesión tan vieja como la historia misma del ser humano. Así, la mayoría de las mujeres nos hemos acompañado en el momento de parir, para apoyarnos, para protegernos, para ayudarnos. Éste es el corazón de la partera, mi corazón.

Hace siete años acompañé por primera vez un parto en agua guiado por dos parteras extraordinarias que despertaron en mí la admiración por el bello proceso de convertirse en madre. Dos años después experimenté en mi ser el traer vida a este mundo. No fue fácil encontrar al proveedor de salud indicado, como no lo fue para mi hermana dos años antes. En aquella ocasión ella viajó hasta Xalapa, Veracruz y yo viajaría a San Cristóbal, Chiapas. ¿Por qué tan lejos? Porque en mi ciudad no había partera.

¿Por qué ir “hasta el fin del mundo” para ser atendida por una Partera Profesional Certificada? Porque se trata de una atención centrada en las necesidades emocionales y físicas de la mujer y de su pareja/familia basada en evidencia científica; además, esta Casa de Partos cuenta con una tasa de cesáreas menor al 12%. La tasa en México es de 36,7%[1] dentro de las instituciones públicas y de un vergonzoso 79,1% en las privadas[2]. En Baja California tenemos una tasa estabilizada del 25%[3]. Sin embargo, la OMS declara que la tasa no debe ser mayor al 15%[4].

Dice el New York Times en Español

Las mujeres en México con más riesgo de ser sometidas a cesáreas que no se requieren son las mismas que tienen mayores privilegios en otros ámbitos: son las que pertenecen a estratos económicos altos, las que se atienden en servicios de salud privados, las que tienen altos niveles de educación, las que viven en zonas metropolitanas, las que son primerizas y las de 35 años o más.

CRÓNICAS DE UNA APRENDIZ DE PARTERA

En esta aventura traje una libreta que una querida amiga me regaló hace dos cumpleaños y que no sabía en qué usar porque está muy linda, justo ahora fue el momento digno de escribir en sus páginas para ir guardando mis crónicas. Comencé a llenar sus hojas con las notas de mi viaje y me da tanto gusto que ya le han servido a alguien para hacer un recorrido del mismo calibre. Así que con toda confianza si en algún momento piensas recorrer toda la República Mexicana escríbeme y te comparto mis anotaciones con tiempos recorridos, costos de casetas y gasolina.

Como te iba contando, esa libreta debería estar llena de historias de parto, pero la verdad es que me quedé a la mitad de mi experiencia en el primer parto. Septiembre es uno de los meses más locos en todos los centros y casas de partos, así como para las parteras independientes; las doulas tampoco tienen descanso. Esto es debido a las fiestas de navidad y año nuevo! Así nueve meses después llega septiembre, mes de nacimientos, mes en que las salas de yoga prenatal, antes llenas, se van quedando sin alumnas; en las que las de lactancia se van colmando, y un buen momento para planear los círculos de crianza que seguro en seis semanas serán indispensables para todas las mujeres puerperas que buscan consejo y escucha en una comunidad de mujeres en las mismas circunstancias.

Lo que sí te puedo decir es que estoy totalmente sorprendida de cómo es que marcha el Centro de Partos Luna Maya. Lo primero es que es una asociación, por lo tanto, es capaz de solicitar fondos y de ser elegible para becas y recursos de fundaciones nacionales e internacionales. Esto es totalmente esencial en su funcionamiento, porque a ojo de buen cubero digo yo, no es propiamente un negocio, sino más bien un servicio a la comunidad. De los 6 partos que se han atendido desde que llegué, 4 han sido de mujeres indígenas, que entienden y hablan el español aunque su lengua materna es el tzotzil, la mayoría no sabe leer ni escribir y el ingreso familiar ronda entre los 1,500 pesos mensuales. Estas familias no son capaces de cubrir la cuota completa de la atención del parto, ni si quiera una octava parte, así que imagínate la gran labor del centro de partos para sostener económicamente el servicio para estas familias. Por otro lado, son familias y mujeres que han tenido su primera experiencia de parto en hospital y que fueron violentadas, por ser mujeres y, no sólo eso, sino por ser indígenas, con más razón no les explicaron nada sobre los procedimientos que estaban ejerciendo sobre ellas. De tal manera, para su siguiente bebé decidieron recurrir a las parteras locales, pero en varias ocasiones esto tampoco fue lo mejor para su salud, por la falta de recursos de las parteras tradicionales aunado a la alimentación deficiente de las mamás, lo cual las pone en mayor riesgo de hemorragia. Finalmente, para el segundo o el tercer bebé esta comunidad de mujeres se entera de los servicios de partería profesional que se ofrecen en Luna Maya y comienzan a asistir a sus controles prenatales y atención del parto. Son mujeres con las que hay que trabajar muy de cerca debido a la alta incidencia de infecciones urinarias, de padecimientos crónicos y metabólicos como resultado de la malnutrición y al riesgo de complicaciones en el parto por todo lo anterior.

Agradezco el haber estado en sus partos, las honro por tener claro ser dignas de una atención amorosa y cuidadosa para ellas y sus familias. Definitivamente han sido partos con muchos retos técnicos: desde el idioma que mientras están en trabajo de parto latente siguen hablando español, pero cuando comienza la fase activa deciden hablar sólo en tzotzil y tenemos un intérprete en todo momento, en segunda instancia a pesar de ser partos rápidos, he visto casi todas las emergencias para las cuales he estudiado, y gracias a haberlas estudiado (una cosa es la teoría y otra muy distinta la práctica!) soy capaz de reconocerlas y ayudar a mis compañeras parteras ha solucionarlas en una sincronía de pensamientos y acciones. Cuando las situaciones son manejadas de forma armónica, crea seguridad en la mujer y su pareja, sintiéndose acompañados y en buenas manos.

Abro los ojos a cada una de sus historias, a veces tan fuertes que no puedo imaginar cómo han sobrevivido emocionalmente, y admiro en cada mujer su fuerza y capacidad para traer al mundo a sus hijas e hijos aún ante la adversidad.

Mi comunidad necesita una partera, mi estado necesita más parteras.

[1] https://www.nytimes.com/es/2017/08/28/una-epidemia-de-cesareas-innecesarias-en-mexico/

[2]ídem.

[3] http://www.tijuanainformativo.info/index.php/notcias-policiacas-y-seguridsad-de-tijuana-y-baja-california-2/item/56526-mantiene-gobierno-del-estado-indice-de-cesareas-en-niveles-estables

[4] http://www.who.int/reproductivehealth/publications/maternal_perinatal_health/cs-statement/es/